Ética escolar: La vida de un centro educativo

06/08/2014

La vida de un centro educativo, sus principios, orientación, organización, gobierno, dinámica, ambiente, no es algo fortuito, fruto del azar o de acciones directivas, administrativas y docentes aisladas,  demanda los más altos estándares de desempeño profesional, basados en la unión de fuerzas –sinergia-, para garantizar efectividad en el logro de sus metas, fines y objetivos, como resultado de la suma armónica de esfuerzos, que generan rendimientos incrementales. Exige a sus líderes valorar las diferencias individuales entre los integrantes de la nomina: aptitudes, eminencias personales, habilidades, destrezas, conocimientos, disposición para conformar equipos de trabajo y encauzar la variedad de aportes, puesto que permite aunar entorno a un tema común, enfoques diferentes, enriquecedores bajo cualquier punto.

 

Algunos funcionarios no saben trabajar en equipo, por esa razón alrededor de ellos se organizan los llamados “grupos de opinión”, que denotan estar de acuerdo con una determinada posición directiva, que en el fondo no comparten; estos grupos constituyen una especie de –consenso- forzado, en aras de la armonía y de alcanzar una  malentendida unidad de criterio y de acción, de los docentes que en el fondo no se da. Esto ocurre por la falta de carácter o de fortaleza de quienes lo integran, para exponer su pensamiento sobre determinadas ideas directivas, o simplemente por falta de argumentos. Un equipo en el que todos sus integrantes piensan igual, es reflejo de que no hay más que una persona pensante o pensando.

 

La vida de un colegio bien estructurado, descansa sobre bases firmes que lo estabilizan y le evitan ir de un lado para otro. Sus columnas o puntos de apoyo están en la adopción de un plan de formación humana y espiritual y de un plan de estudios serio, y en la creación de un ambiente sano propio. La adopción de ese plan de formación es exigencia de quienes se plantean la educación como un todo integral, que va más allá de la polarización intelectualista y del uniformismo.

 

Este plan implica una acción y unas normas respetuosas de la personalidad de los educandos, que debe ser perfeccionada y no desintegrada. Por ello, y como deber de justicia para con la sociedad y las personas, el colegio debe conocer a cada uno de los educandos de un modo minucioso, día a día en su compleja realidad.

 

La orientación individual es medio insustituible en la tarea de educación personal y por consiguiente total, permite la inclusión de actividades complementarias y de materias especificas no oficiales, que cooperen como medio  en una mayor profundidad normativa. Ha de crear un ambiente, un clima que ha de vivirse  y que supone la participación de cada uno de los elementos que conforman la institución educativa: directivos, padres, profesores y educandos.

 

El plan no es simplemente algo decorativo y de ostentar en el papel, debe vivirse totalmente. El ambiente es un mecanismo interno de costumbres y de criterios, un estilo, una manera de ser, que lo hace diferente, formado sobre el espíritu de sana libertad, lleva consigo necesariamente el inculcar un serio sentido de responsabilidad; es decir, un modo de proceder y una conducta que sea consecuencia de convicciones bien enraizadas y libremente queridas. Ese clima no será posible sin la presencia real y constante de la autenticidad. Un colegio es lo que son sus directivos, sus docentes, sus educandos y un poco más. La  exigencia de autenticidad no se limita a la actividad externa.

 

Para estar en contacto con la vida, un directivo, un educador necesita además del espíritu cristiano, un entrenamiento diario de su carácter, de su autoridad prestigio, de la actitud segura y prudente que le exige su misión de educar adolescentes y de orientar a sus colaboradores, a las familias y a sus equipos de trabajo, fomentar su respeto profundo a ellos, la generosidad y su entusiasmo sereno y equilibrado; necesita espíritu de sacrificio, firmeza en sus propósitos, en sus principios y criterios, serenidad, equilibrio de ánimo, juventud, y aparecer ante los educandos y ante la comunidad tal cual como es, con sus defectos y virtudes.

 

Son sus directivos, docentes y administrativos los únicos capaces de generar y marcar su diferenciación frente a otros buenos centros educativos de la ciudad, de la región, vale la pena preguntarse ¿Qué es lo que hace diferente a nuestro colegio frente a otros de la región?

 

Si el plan de estudios, el de formación humana y el ambiente son los pilares de la vida de un colegio, se comprende que en la institución confluyen de hecho y no sólo en teoría las vidas de los educandos, padres y educadores en unidad de criterios, sacrificios, intensiones. Solamente con una real confluencia es posible el respeto de la personalidad del educando por una parte; y la tarea eficaz por otra, de calibrar e impulsar la riqueza espiritual que todos y cada uno ha recibido de Dios,  de la que son inalienables portadores.

 

La familia desempeña un papel decisivo, en su seno se desarrolla lo más real y vivo de la existencia del educando. Por grande que sea la influencia del colegio en la vida de sus alumnos, su labor no podrá tener la continuidad, el peso y la intimidad que tiene el ambiente y el ejemplo de ella. Colegio y familia comparten la misma tarea; pero si no logra incorporarlas en la realización de las metas propuestas, su tarea da resultados exiguos. Si el colegio ha de contar entre las responsabilidades que sobre él recaen, debe extender sus raíces de una manera activa hasta los hogares.

 

En justicia, por honestidad intelectual, debo reconocer que muchas de estas ideas no son originalmente mías, aunque si como trasmisor, sujeto activo y líder de la fundación de varios centros educativos en el país. – La paternidad de las mismas –, asimiladas y trasmitidas por mí, le corresponde a San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, canonizado el 6 de octubre de 2002, a quien conocí personalmente y cuyo pensamiento impulsó la creación de este tipo de colegios en ciudades principales de los cinco continentes.

 

Luis A. Ordosgoitia Jarava

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Riohacha – La Guajira, Agosto 04 de 2015.

 

 

 

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